
Aunque parece un acertijo, está lejos de serlo, ya que los rellenos nórdicos, pueden alcanzar cifras con varios ceros detrás de la unidad. Lo que es desconcertante (de ahí el título) es que nos referimos a un edredón. Las plumas más cotizadas; y más adelante verán el porqué, son las de una especie de ánade, cuyo producto terminado alcanza el precio de nueve mil euros.
Las plumas, como las pieles, debieron emplearse primero tendidas directamente sobre el suelo o sobre plataformas hechas con ramas de árboles, para dar comodidad y abrigo al cuerpo durante las horas de reposo de nuestros primeros antepasados.
Pasados los siglos, con el avance de la civilización; primero encerradas en sacos de pieles formando verdaderos colchones, y después envueltas en una funda tejida; cuando se fue generalizando el uso de las telas, formaron la base de su empleo actual, que no difiere mucho del anterior en su empleo, pero si en su preparación.
Las plumas destinadas para este uso son las más finas, por eso se utilizan las de la pechuga de las aves; y entre ellas, la más cotizada es el Eider, que habita en las inmediaciones del círculo polar ártico. No sólo es la finura de la pluma lo que se aprecia, sino su gran flexibilidad y elasticidad, lo que produce un relleno nórdico siempre blando y de gran abrigo.
Aunque hay gran diferencia entre las plumas del animal vivo o muerto, que ha perdido una gran parte de las propiedades que tenía en vida.
Es notable la manera de obtener las plumas del animal vivo, y que él mismo facilita, ya que con el objeto de que sus crías descansen sobre un blando lecho tienen la costumbre de tapizar el interior de su nido con una espesa capa de plumas de su pechuga y vientre.
Una vez depositada ésta, y mientras la pareja recorre el campo para buscar alimento, se le retira la pluma que ha dejado, y al volver al nido y encontrarlo desnudo, vuelve a arrancarse las plumas para reponerlas, lo que se repite diariamente, hasta que agotadas las más finas tiene que depositar otras más duras, que se dejan ya para la incubación.
Si tenemos en cuenta que de las plumas de una gallina, que varía entre los 80 y 100 gramos, sólo se utilizan 30 para estos fines; y que un relleno nórdico pesa unos 500 gramos podríamos deducir que el edredón más caro del mundo sería el del plumaje vivo del Eider.